GUÍA PARA ESCOGER SEMILLAS (soft secrets)

GUÍA PARA ESCOGER SEMILLAS (soft secrets)

Hace veinte años tenías suerte si encontrabas algunas semillas con las que cultivar. Hoy en día, el problema es decidir qué cultivar. Índicas, Sativas, feminizadas, autoflorecientes, altas en CBD, razas puras, F1, variedades Fast Version, la lista es interminable. Una búsqueda en internet por “semillas de cannabis” arroja más de un millón de resultados. Hay más de un centenar de bancos de semillas ofreciendo, entre todos, no menos dos o tres mil variedades. Frente a esta ingente oferta, la mayoría de los cultivadores no pueden sembrar más de unas pocas variedades y se enfrentan a la gran pregunta ¿qué planto esta temporada? Antes de decidir conviene repasar algunos conceptos básicos así como las ventajas y los inconvenientes de cada tipo de planta.

Entre los distintos bancos de semillas, la oferta actual de variedades de cannabis supera el millar.

Las variedades de cannabis se pueden dividir en función de varios factores. Por razas o subespecies, hay tres tipos: Indicas, Sativas y Rudelaris. Por sexo, hay dos tipos: regulares y feminizadas. Por su forma de florecer hay otras dos clases: las que florecen en función del fotoperiodo y las autoflorecientes. Por la fecha de cosecha se pueden dividir en plantas que se cosechan en septiembre, octubre, noviembre o diciembre. Por la duración de la floración (que no es lo mismo que la fecha de cosecha), tenemos plantas lentas, rápidas y muy rápidas. Por su perfil de cannabinoides hay tres tipos básicos: las no psicoactivas, las psicoactivas y las altas en CBD. En función de cómo han sido seleccionadas y producidas por el banco de semillas, las variedades pueden ser híbridos F1, híbridos F2, polihíbridos, razas puras, líneas estabilizadas por endogamia o por retrocruzamiento. Todos estos factores se combinan entre sí de modo que podemos tener, por ejemplo una variedad índica, feminizada, que florezca en función del fotoperiodo, se coseche en septiembre, tenga una floración rápida, sea un híbrido F1, psicoactiva y alta en CBD. El cultivador que quiera escoger la variedad más adecuada para sus objetivos debe entender qué significan todos estos conceptos.

Subespecies

Las variedades sativas son muy apreciadas por su psicoactividad estimulante pero la cosecha se retrasa por su larga floración.
Los biólogos creen que todas las plantas de cannabis pertenecen a la misma especie, Cannabis sativa, pero han definido tres subespecies principales: sativa, índica y rudelaris.

Sativas  

Las variedades Sativas puras (Cannabis Sativa var. Sativa), son plantas grandes y altas que pueden superar los cinco metros de altura, con internudos amplias, ramas largas y cogollos estrechos. Las hojas tienen foliolos largos y estrechos. La floración es lenta y larga, y la gran mayoría se cosechan en noviembre o diciembre como pronto, por lo que su cultivo es complicado fuera de sus cálidos lugares de origen.
La psicoactividad de las Sativas suele ser muy potente ya que contienen abundante THC y muy poco CBD. El efecto es creativo,  estimulante y divertido aunque en dosis altas pueden provocar paranoia, taquicardia, mareos o incluso alucinaciones. Son plantas adecuadas para fumar durante el día ya que permiten mantenerse activo. Son Sativas las variedades puras de México, Colombia, Panamá, Brasil, Jamaica, Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam, Nepal, sur de la India, Congo, Sudáfrica, Malawi, Gambia y Madagascar. Las variedades de cáñamo industrial son genéticas Sativas cultivadas por su contenido en fibra y, generalmente, seleccionadas para que no resulten psicoactivas.
Las índicas por su menor tamaño son más adecuadas para el cultivo en interior o en exterior en terrazas o balcones

Índicas

Las Índicas (Cannabis sativa var. indica) son plantas más bajas que las Sativas, con tallos fuertes y un crecimiento más arbustivo. Producen cogollos grandes, densos y pesados con una gran cantidad de resina. Las hojas son grandes, con foliolos anchos y de color más oscuro que las Sativas. La psicoactividad es muy corporal y narcótica, por la mayor presencia de CBD. Las variedades Indicas son nativas de Pakistán y el norte de la India. Hasta hace poco tiempo los biólogos incluían al cannabis afgano dentro de las Índicas pero, hoy en día, lo consideran una variedad diferente (Cannabis sativa var. afghanica). Son plantas bastante bajas, que no suelen pasar de dos metros, de color oscuro y con hojas anchas, similares a las de las variedades índicas, pero que muchas veces tienen la cara inferior de color más claro que la superior. No ramifican demasiado y las pocas ramas secundarias a menudo alcanzan en altura al cogollo central, por lo que acaban formando una especie de cono invertido. El clásico y fuerte olor acre de las skunk viene principalmente de la genética afgana. Las variedades afganas producen cogollos con un bajo ratio de cálices/hojas, pero lo compensan con las grandes cantidades de resina que recubren hojas y flores, resultado de la estricta selección que durante siglos realizaron los agricultores afganos, en busca de mejores plantas para la fabricación de hachís.

Rudelaris

Los mejores híbridos combinan la rapidez de las índicas con la psicoactividad de las sativas.

El Cannabis Sativa var. Rudelaris (= var. spontanea) crece en Rusia y Europa Central, aunque también hay plantas similares en el norte de Estados Unidos y en Canadá. Son plantas pequeñas, que no suelen superar los sesenta centímetros de altura. Al contrario que las Índicas y las Sativas no florecen en función del fotoperiodo, sino que lo hacen a las pocas semanas de germinar. Realizan una floración muy rápida y están maduras unos sesenta o setenta días después de la germinación. No son variedades psicoactivas pero están en la base de todas las modernas variedades psicoactivas autoflorecientes que son híbridos entre plantas Rudelaris y plantas Índicas o Sativas, seleccionados para mantener el rasgo de autofloración de las Rudelaris y la psicoactividad de las Índicas o Sativas.

Variedades tradicionales o razas puras

Las semillas se deben trasplantar a tierra en cuanto se abren y asoma la radícula.

Son las variedades que se plantan, o crecen semisilvestres en algunos casos, en los países que tradicionalmente han cultivado cannabis. Suelen ser variedades muy homogéneas para algunos rasgos, las plantas se parecen entre sí y los hijos comparten los mismos rasgos de los padres. Hoy en día es difícil conseguirlas ya que las genéticas holandesas y americanas han acabado llegando a prácticamente todos los países productores y mezclándose con las razas locales, pero aún quedan algunos bancos de semillas que disponen de razas puras en sus catálogos. Búscalas si quieres hacer tus propios cruces, la crianza de nuevas variedades resulta mucho más gratificante partiendo de razas puras, ya que sus genes son más estables. En la península, las Sativas puras, salvo las más tempranas, como la Durban sudafricana, tienen problemas para madurar antes de que llegue el frío, aunque pueden aguantar en las zonas más cálidas o en Canarias. Las variedades puras de Libano, Afganistán o Marruecos sí pueden cultivarse sin problemas e incluso dar grandes sorpresas.

Entre los redondeados cotiledones vemos aparecer el primer par de hojas verdaderas.
Las líneas endogámicas o IBLs (siglas en ingles de Inbreed Lines) son un tipo de variedades que pueden asimilarse a las razas puras, aunque no están unidas a un territorio concreto, como en el caso de las razas puras autóctonas. En este caso, el criador parte de una raza pura o de un híbrido inicial, en cada generación selecciona y cruza las mejores plantas pero sin incluir genética nueva. Al cabo de una cuantas generaciones habrá desarrollado una variedad estable y homocigótica, lo que quiere decir que todas las plantas se parecen entre sí y sus hijas también. Las líneas endogámicas también son muy apreciadas en la crianza de nuevas variedades por las mismas razones que las razas puras, el resultado es más predecible y estable. Variedades clásicas como Skunk#1, Northern Lights, California Orange, Blueberry o Afghani#1 son líneas endogámicas.

Híbridos

Si tienen suficiente luz, las plántulas no se alargan en exceso ni se doblan por su propio peso.
La mayoría de las variedades comerciales de semillas son híbridos, resultado de cruzar dos variedades diferentes, generalmente una Índica y una Sativa, con el objetivo de lograr una nueva variedad que mantenga los rasgos favorables de cada variedad: la floración rápida, los cogollos gruesos y la gran cantidad de resina de la Índica junto con la psicoactividad estimulante y creativa de la Sativa. Cuando se escribe el nombre de un híbrido, por ejemplo White Widow x Big Bud, la planta a la izquierda de la x es el macho y la de la derecha es la hembra. Como regla general, se dice que la hembra pasa su estructura al híbrido y el macho su psicoactividad y sabor, es decir que el híbrido crecerá como la hembra y tendrá el aroma y el efecto del macho. Obviamente, no es una regla exacta y los híbridos también tienen algo del aroma de la madre o la estructura del padre, pero sirve para hacerse una idea de cómo puede ser una variedad.
Los cultivadores de cannabis descubrieron hace tiempo que al mezclar dos razas puras diferentes, las plantas resultantes gozan de “vigor híbrido”, una mayor energía y fuerza de crecimiento que puede llevarlas a crecer hasta un 25 por ciento más que las razas que se usaron como padres. El vigor híbrido sólo es evidente en la primera generación del cruce o F1. Las variedades híbridas de los bancos de semillas serios suelen ser F1. Los criadores más chapuceros, sin embargo, suelen comprar un sobre de la planta campeona de la competencia, escogen un macho y una hembra y los cruzan. Las semillas que salen de este cruce son F2 y ni gozan del mismo vigor híbrido de los F1, ni son igual de homogéneas. Es decir, si siembras híbridos F2 obtendrás plantas más diversas. No pasa nada por ello, siempre que pagues las semillas como híbridos F2 copiados a la competencia y no como híbridos F1 originales. Si queremos buenas variedades es importante que compremos las semillas en bancos de semillas serios, capaces de mantener sus genéticas durante años y dispuestos a emplear el tiempo y el esfuerzo necesarios para desarrollar un buen producto.

Feminizadas

Las semillas “normales” de cannabis pueden dar lugar a plantas macho o a plantas hembra. Los cultivadores sólo desean hembras por lo que a los bancos de semillas utilizan un sistema para lograr semillas que sólo pueden dar plantas hembras. Para lograrlo cruzan dos plantas hembra entre sí, después de cambiar el sexo de una de ellas pulverizándola con un producto químico. La planta fumigada empieza a hacer flores macho y el criador recoge el polen y lo utiliza para polinizar las flores de la planta hembra. Las semillas feminizadas han revolucionado el cultivo, ya que evitan destinar espacio y tiempo a los machos. Si el cultivador quiere cosechar seis hembras sólo tiene que sembrar seis semillas y olvidarse de sexar las plantas y separar los machos. No cabe duda de que las semillas feminizadas facilitan el cultivo, pero también evitan que el cultivador pueda hacer sus propias semillas. Hasta hace pocos años, casi todos los cultivadores hacían semillas alguna vez y no dependían completamente de los bancos. ¿Qué pasaría si de la noche a la mañana se prohíbe el comercio de semillas? No es mala idea sembrar de vez en cuando semillas “normales” para no olvidarse de cómo sexar las plantas.

Autoflorecientes

La revolución que están creando las variedades autoflorecientes sólo es comparable a la que ocasionaron las semillas feminizadas. Son variedades que florecen independientemente del fotoperiodo, por lo general hacia la tercera semana de vida. Los criadores de semillas han desarrollado estas variedades a partir de hibridar plantas Rudelaris no psicoactivas, pero autoflorecientes, con plantas psicoactivas (Indicas o Sativas) pero no autoflorecientes.
Mientras son pequeñas se pueden mantener las plantas muy juntas pero conforme crecen hay que darles espacio suficiente para que se desarrollen.
Tras varias generaciones seleccionando y cruzando las mejores plantas, se logran variedades psicoactivas que florecen independientemente del fotoperiodo y están listas para recogerse entre ocho y diez semanas después de germinar. La principal ventaja de las autoflorecientes es que se pueden sembrar en cualquier momento y cosecharlas dos meses después. Permiten realizar varias cosechas seguidas en la misma temporada y planificar la siembra para recoger las plantas, por ejemplo, antes de irse de vacaciones. 
El boom de las autoflorecientes ha puesto a todos los bancos a producir variedades automáticas, pero los resultados han sido desiguales. Las primeras generaciones de autoflorecientes daban plantas muy pequeñas y poco productivas, los cogollos resultaban faltos de potencia, con una psicoactividad poco agradable. Sin embargo, con cada nueva generación las variedades han ido mejorando: la plantas se hacen de mayor tamaño y producen cogollos más grandes y potentes. Actualmente la mayoría de los bancos de autoflorecientes ya van al menos por la tercera generación. Una particularidad poco conocida de estas variedades es que son, en su mayoría, IBLs o líneas endogámicas. Cuando se cruza una variedad autofloreciente con otra no autofloreciente, la primera generación de semillas (la F1) no da plantas autoflorecientes. Los criadores deben hacer la generación F2 para que empiecen a aparecer plantas autoflorecientes. Luego escogen las mejores y las cruzan entre sí  y la generación F3 va es bastante autofloreciente aunque a menudo se continúa más alla (F4, F5) para refinar aún más la variedad. Este proceso de selección dentro de la misma variedad es el que define a las líneas endogámicas, por eso se pueden considerar la mayoría de autoflorecientes como razas puras.

Nuevas variedades F1 Fast Version

Con las semillas no feminizadas hay que estar al tanto para eliminar los machos en cuanto muestren sus primeras flores.
Esta temporada ha aparecido una novedad muy interesante en el mercado de las semillas. El banco español Sweet Seeds ha desarrollado las nuevas genéticas F1 Fast Version. Cuando me enteré de la noticia me puse en contacto con el banco y me contaron que estas variedades son híbridos F1 resultantes de cruzar clones élite de su banco de madres con plantas seleccionadas de variedades autoflorecientes de tercera generación. Son variedades no autoflorecientes y dependen del fotoperiodo para florecer al igual que las plantas tradicionales, sin embargo, la inclusión del pequeño porcentaje de genética rudelaris que tienen las autoflorecientes de tercera generación aporta a estas variedades Fast una maduración más temprana. 
Sweet Seeds ha sacado cuatro variedades F1 Fast Versión: Cream Caramel, Sweet Cheese, Green Poison y Sweet Special. En interior y bajo fotoperiodo de doce horas, las plantas están maduras y listas para la cosecha en tan sólo seis o siete semanas. Cuando se siembran en exterior la fecha de cosecha se adelanta entre una y dos semanas respecto a la variedad original, lo que hace que todas se recojan en septiembre.
La gran ventaja de la cosecha tan temprana es que se adelanta a la llegada de las lluvias más fuertes y permite recoger las plantas mientras el ataque de los hongos es todavía controlable. Sin duda, van a ser variedades muy apreciadas en las regiones más húmedas y castigadas por la botritis.

Variedades altas en CBD

Las plantas de cogollos no muy densos suelen ser más resistentes a los hongos.
Llevan poco en el mercado pero tienen un potencial enorme para los usuarios terapeúticos de cannabis. El CBD o cannabidiol es un cannabinoide no psicoactivo que, de hecho, reduce el efecto del THC por lo que las variedades de uso lúdico suelen tener muy poco (0,1-0,3%). Sin embargo, los efectos terapeúticos del CBD son muy notables: analgésico, antiinflamatorio, antiemético, antiepiléptico, antiespasmódico, antipsicótico, vasodilatador, neuroprotector, ansiolítico, etc. Algunos bancos de semillas han empezado a seleccionar variedades para lograr niveles altos de CBD (mayores del 4%). Cuanto más CBD haya, en relación al THC, menos psicoactiva resulta la planta. La mayoría de las variedades altas en CBD tienen una relación de 1:1 entre CBD y THC, pero los criadores siguen trabajando y han llegado a encontrar plantas con quince veces más CBD que THC. La principal ventaja de la baja psicoactividad es que permite al paciente consumirlas y disfrutar de sus propiedades medicinales sin sentirse colocado. Muy recomendables para usuarios terapéuticos. 

Bueno sí pero…¿qué planto?

Si después de leer todo esto, aún no sabes qué semillas plantar, ahí van unos consejos:
· Indicas para fumar por la noche, Sativas para el día
· Indicas por su resina, Sativas por su psicoactividad
· Autoflorecientes para quien tiene mucha prisa o quiere cosechar antes de agosto.
· Feminizadas si hay poco espacio como para malgastarlo en machos o si la pereza o el desconocimiento hará que no se eliminen a tiempo.
· Autoflorecientes feminizadas para quien lo quiere todo fácil y rápido.
· Razas puras, para criar o para probar sabores de otros tiempos.
· Híbridos F1 para obtener producción, potencia y rapidez: lo mejor de ambos mundos
· Variedades F1 Fast Version en climas húmedos o cuando se requiera una cosecha temprana.
· Variedades altas en CBD para usuarios terapeúticos que no se quieran colocar.

Guía rápida de germinación

Las variedades índicas más resinadas son idóneas para la elaboración de hachís.
Decidir qué plantar es lo difícil, germinar las semillas es muy sencillo. El sistema más fácil consiste en sembrar las semillas directamente en una maceta llena de sustrato sin usar. La semilla se debe enterrar a poco profundidad, entre medio y un centímetro, y cubrirla con tierra suavemente y sin aplastarla. A continuación se riega la maceta con cuidado para que el agua no desentierre la semilla y sólo hace falta esperar. Si las semillas son frescas, la planta brotará en dos o tres días pero si tardan algo más no hay que preocuparse, hasta una semana o diez días es normal. Con las semillas viejas se puede usar un truco para acelerar su germinación. Hay que dejarlas una noche dentro de un vaso con agua antes de sembrarlas, de este modo nos aseguramos de que se hidratan al máximo, lo que facilita la apertura de la cubierta de las semillas.
Algunos cultivadores prefieren poner a germinar las semillas en servilletas de papel para poder observarlas y comprobar que se abren antes de trasplantarlas a la maceta. En un recipiente se coloca una servilleta de papel y sobre ella las semillas. Se tapan con otra servilleta y se humedecen bien. Las servilletas deben estar mojadas pero no tiene que quedar agua en el fondo. Se tapa el recipiente y se sitúa en un lugar templado pero sin que le dé el sol directo u otra fuente de calor fuerte. Cada día hay que levantar la servilleta y comprobar si las semillas se han abierto. En cuanto lo hagan hay que sembrarlas en una maceta con mucho cuidado de no dañar la pequeña raíz que asoma.
Otro sistema práctico es usar cubitos de turba (jiffys) de los que se hinchan al mojarlos. Primero se hidratan y luego se coloca una semilla en cada uno. Una vez ha germinado la semilla se trasplantan junto con el jiffy a la maceta definitiva. La ventaja de los jiffys es que las raíces de las plantas no sufren con el trasplante.

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